La ley natural de dominación y sumisión: Por qué aceptar nuestros roles puede conducir a un mayor éxito personal y profesional
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A pesar de la repulsión moderna hacia este concepto, la dominación y la sumisión son aspectos naturales y saludables de la dinámica social humana. Si bien pueden desequilibrarse debido a la ruptura de la estructura desde arriba o a la falta de agradecimiento por la estabilidad desde abajo, son la principal forma de fomentar la cooperación y la coordinación. De esta manera, son la base de nuestro éxito como sociedad.
Hoy, exploremos la estructura social de dominación/sumisión y cómo nos ha ayudado a llegar hasta aquí. Ojalá podamos apreciar mejor los roles que todos desempeñamos.
D/s social
Si bien los términos dominación y sumisión suelen evocar relaciones sexuales, es importante destacar que la dinámica dominante-sumisa puede existir en diversas relaciones sociales. A continuación, se presentan algunos ejemplos de relaciones sociales dominación-sumisión no sexuales:
Sostén de la familia/anidador, cabeza de familia/todos los demás, padre/madre/hijo, maestro/alumno, senpai/kohai, mentor/aprendiz, entrenador/atleta, sacerdote/feligrés, jefe/empleado, capitán/compañero de equipo, cuidador/paciente, experto/cliente, hermano/hermana, contratista/cliente, arrendador/inquilino, militar, preso/a, político/ciudadano, abogado/cliente, médico/paciente, el chico más alto o más rico del grupo/todos los demás.
El sistema funciona para elevar el valor, la riqueza, el estatus y la seguridad de los participantes. Sin una cooperación sumisa, alcanzar grandes objetivos puede ser difícil. Sin un liderazgo dominante, no se logrará nada. Los dominantes no necesitan cooperación para sobrevivir; tienen la capacidad de imponer su voluntad, pero esta ayuda a que las cosas sean más civilizadas para todos. La capacidad de someterse es una habilidad psicológica que nos ayuda a ser animales sociales. También devalúa la violencia como moneda principal, de ahí que la violencia esté mal vista en la actualidad.
Debido a la biología, a lo largo de la historia de la humanidad, el hombre dominante y la mujer sumisa fueron el estándar. En la actualidad, la tradición aún dicta esta dinámica, pero todos tienen la misma oportunidad de construir su propio poder. La dominación femenina es ahora común en toda la sociedad, aunque aún existen esferas de control separadas. A medida que se disponga de más modelos de liderazgo, más personas explorarán ambos niveles de la dinámica; las esferas se convertirán en diagramas de Ven.
La sumisión es inevitable, no la debilidad.
La sumisión es necesaria para el orden social y la estabilidad. Cuando las personas se someten a la autoridad, se genera un sentido de organización, previsibilidad y coherencia en la interacción entre ellas. En una dinámica sana, la sumisión suele corresponderse con el apoyo, la guía y la protección de la persona dominante, lo que puede conducir a una relación más plena y segura para ambas partes.
Es importante destacar que la sumisión no es lo mismo que ser impotente o pasivo. Incluso los dominantes se someten a alguien en ciertas situaciones. La sumisión implica reconocer y respetar la autoridad del dominante y reconocer que hay momentos en que es apropiado y necesario someterse a su juicio o dirección.
Incluso el Dom más dominante tiene un anciano, maestro o mentor con quien se acuesta, con gusto. A menudo, la sumisión se gana o se da como un regalo en agradecimiento por lo que esa persona hace por ti. Nadie tiene derecho a que alguien resuelva sus problemas, le dé dinero, se lo folle, le alimente ni a que se ocupe de él en absoluto.
Todas las formas de vida son sumisas a la naturaleza. En un sentido más abstracto, nuestra conciencia se somete a nuestro cerebro y cuerpo. Si no satisfaces tus necesidades, mueres. Además, al final, el tiempo nos ata y nos amordazará a todos. La sumisión es inevitable, no la debilidad.
El dominio es un derecho, una recompensa y una responsabilidad.
Toda persona tiene derecho a la autodeterminación y a la capacidad de tomar decisiones por sí misma. En este sentido, cada individuo tiene el potencial de dominar su propia vida y sus propias decisiones. Esto significa que puede tomar decisiones que le beneficien y perseguir sus propios objetivos y deseos. Al mismo tiempo, ser capaz de gestionarse eficazmente y asumir la responsabilidad de sus acciones puede considerarse una forma de recompensa en ciertos contextos.
Cuando las personas demuestran la capacidad de seguir las reglas y asumir responsabilidades, pueden adquirir mayor autonomía y control sobre sus vidas. Por ejemplo, en el ámbito laboral, un empleado que cumple constantemente con sus requisitos y responsabilidades laborales puede tener mayor control sobre su trabajo o ascender a un puesto con mayor poder de decisión. Si infringes la ley, el sistema legal te domina. Si los adolescentes muestran un comportamiento responsable, adquieren mayor control sobre sus decisiones de vida. Si rompes tu contrato social, puedes perder tu control o incluso tu vida.
Para muchas personas en la sociedad, la sumisión es forzada o inevitable simplemente porque tienen opciones limitadas. A menudo, no se han ganado el derecho ni la recompensa de la dominación. Aunque muchos intenten romper esta ley natural, simplemente no es posible. Si te dejas llevar por la vida, serás menos valioso personal, profesional y sentimentalmente. Si compites con éxito y sigues las reglas, normalmente serás recompensado con un dominio propio (la magnitud puede variar). Pero incluso una vez que obtengas las recompensas, todas conllevan la responsabilidad de mantenerlas.
Reflexiones finales:
La dominación y la sumisión son aspectos naturales y saludables de la dinámica social humana que nos han ayudado a alcanzar el éxito como sociedad. Si bien las relaciones dominante-sumisas pueden desequilibrarse, son necesarias para fomentar la cooperación y la coordinación. La sumisión es necesaria para el orden y la estabilidad social, mientras que la dominación es un derecho y una recompensa por seguir las normas y asumir responsabilidades. En una dinámica sana, la sumisión suele corresponderse con el apoyo, la guía y la protección de la persona dominante, lo que conduce a una relación más plena y segura para ambas partes.
Si bien existen ejemplos de relaciones dominante-sumisas en diversos contextos sociales, es importante destacar que la sumisión no es lo mismo que la impotencia o la pasividad, y que todos tienen el potencial de dominar su propia vida y sus decisiones. En definitiva, la capacidad de gestionar relaciones dominante-sumisas con respeto mutuo y reciprocidad es una habilidad valiosa que puede conducir al éxito personal, profesional y sentimental.