La epidemia de celos en los adultos
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A la avanzada edad de 38 años, quiero compartir la lección que aprendí este año y que creo que cambiará tu vida: básicamente, todo el mundo tiene envidia de ti.
Sí, tú. Si estás aquí leyendo esto, significa que sabes leer y, lo que es más importante, que eliges leer por diversión. Eso ya es algo que la gente envidia. Puedo escribir porque es mi pasión, e incluso ese simple hecho provoca envidia. Lo cual demuestra lo profundos y profundos que son los celos. No se trata de lo que tú tienes, sino de lo que otros creen que no tienen.
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La infancia, caldo de cultivo de la envidia
De pequeña, tuve una madre que no era la más cariñosa, pero aun así era la mejor madre de toda la zona. Me alimentaba, me cuidaba y me puso en una posición para ser inteligente, segura de mí misma y estar bien cuidada. Ese tipo de base te convierte en una persona de élite de maneras que otros pueden ver, pero no tocar. Mis primos estaban celosos simplemente porque tenía una madre que se preocupaba por mí.
Si a eso le sumamos que hablaba bien, de repente era "mejor". La gente odia eso. Odian la fluidez de las palabras, la seguridad de la creatividad, la forma en que te mueves con habilidades que ellos no tienen.
La edad adulta no lo soluciona
Avanzamos rápido y nada cambió. Soy creativo de mil maneras diferentes, y la gente lo resiente. No quieren ayudar, no porque no puedan, sino porque creen que no debería necesitarlo. Para ellos, ya he "ganado". Y para ellos, ayudarme sería como ayudar a alguien que ya está en ventaja. Esa es la fea matemática de los celos.
El control del espejo
Pero seamos realistas. No soy inmune a esto. Me he sorprendido mirando de reojo a un hombre más delgado o más guapo y pensando: "Él lo tiene todo mejor que yo". En esos momentos olvido mis propios dones, igual que otros olvidan los suyos cuando me miran.
Esa comprensión lo cambió todo. Los celos no son solo un veneno, también son una prueba. Son la prueba de que la gente ve tu brillo. Puede que lo odien, pero aun así lo ven.
El reencuadre inesperado
Durante mucho tiempo pensé que las cosas positivas siempre debían generar reacciones positivas. Si tenía éxito, la gente debería aplaudir. Si creaba algo hermoso, la gente debería aplaudir. Pero la vida no funciona así. Lo que es positivo para mí puede parecer negativo para ellos. Cualquier cosa que tengas y ellos no tengan, les parecerá una sustracción.
Y, sin embargo —aquí es donde se cuela la belleza—, sus celos son una confirmación. Significa que te ven. Reconocen lo que aportas, aunque su reacción sea amarga.
Amigos, enemigos y el público silencioso
Quienes realmente compiten contigo son tus amigos: quienes te impulsan, te desafían y crecen contigo. Esa es la sana competencia del hierro que afila al hierro.
¿Los demás? Puede que sonrían, pero no esperes que aplaudan. Si eres el único que hace algo especial, no te sorprendas si la sala se queda en silencio.
Palabra final
Así que aquí está la moraleja: los celos no prueban que estés haciendo algo mal; prueban que estás haciendo algo que vale la pena destacar. No te dejes engañar por el silencio. A veces, la falta de aplausos es solo envidia disfrazada.
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