Cómo enseñar a tu pareja a ser un mejor amante sin dañar su confianza: una guía para parejas mayores
Share
Llevo saliendo con un hombre (69) unos meses (mujer de 60 años). Lo adoro y nos divertimos con su principal fetiche, el bondage con cuerdas. Es divertido, inteligente y vale la pena salir con él. Su problema es que está divorciado tras décadas de matrimonio en un ambiente religioso muy represivo. Ella fue su primera y única amante, y entre eso y la vergüenza religiosa que rodea al sexo, nunca aprendió a ser un buen amante. Me pregunto si podría enseñarle (suponiendo que esté dispuesto a aprender, claro, lo cual hablaré con él).
Para empezar, me excita, tanto por la química física que hay entre nosotros como porque me parece muy excitante su fetiche. Algunos ejemplos de los problemas que he notado: parece no saber cómo sostener el peso sobre los brazos cuando está encima, así que me deja sin aliento; aunque su pasión es fantástica, se olvida de sí mismo y me besa intensamente, lo cual puede doler; le da vergüenza pedir lo que quiere o hablar de lo que me gustaría en la cama; ha interiorizado la idea de que el sexo oral es asqueroso; etc. Me pregunto si puedo abordar estos problemas y enseñarle mejor sin aumentar su vergüenza y timidez.
¿Alguna persona mayor lo ha intentado y lo ha logrado? Si eres un hombre mayor en su situación, ¿cómo debería abordar esto para que no destruya tu ya frágil autoestima (la compleja combinación de vergüenza corporal y hombría/masculinidad, por no mencionar los trastornos alimentarios relacionados con la edad)?
Editado para añadir: Agradezco los comentarios hasta ahora e intentaré aprovecharlos. Algo que olvidé mencionar, y que me preocupa, es que debido a su origen religioso y su vergüenza, también se siente incómodo hablando de sexo, pidiendo lo que quiere, preguntándome lo que quiero, etc. Así que me preocupa que presionarlo demasiado pidiéndole directa y amablemente lo que quiero o me gusta tenga el efecto contrario. Le he preguntado varias veces qué le excita y qué tipo de porno le gusta para hacerme una idea, y se cierra verbalmente. No está acostumbrado a que una mujer sea tan directa y abierta.
Mi respuesta:
No existe un amante universalmente "bueno", solo uno que te conviene. Es evidente que te importa mucho la conexión, lo cual es fantástico. Tu franqueza es una gran ventaja, porque enseñar a alguien a amarte es una habilidad que fortalecerá vuestro vínculo.
Pasos prácticos para guiar su viaje:
-
Use un lenguaje alentador: Formule sus sugerencias de manera que celebren sus esfuerzos y lo guíen sin criticarlo. Algunos ejemplos:
- "Me encantaría probar X, realmente me excita".
- "Es tan sexy cuando haces Y"
- "Cuando haces Z, te sientes increíble. Hagamos más de eso."
- Intenta levantarte un poco. Quiero sentirte completo sin que tu fuerza me aplaste. ¡Juntos podemos trabajar nuestra resistencia!
- "Tengo curiosidad por probar X después de leer sobre ello. Vamos a explorarlo juntos".
-
Que sea una exploración compartida: Si se siente incómodo hablando de sexo, conviértalo en una actividad de equipo. Por ejemplo, sugiérale que aprendan juntos:
- He estado pensando en repasar mis habilidades. Quizás podríamos explorar juntos algunos recursos divertidos de educación sexual. Me encantaría que lo resolviéramos juntos.
-
Fomenta la retroalimentación no verbal: Como hablar no es su zona de confort, usa tu lenguaje corporal, el tacto y sonidos auténticos de placer para guiarlo. Demuestra tu aprecio por sus esfuerzos en tiempo real: gemidos, jadeos y la relajación ante su tacto pueden ser refuerzos poderosos. Recuerda, no hay necesidad de fingir, pero no te guardes respuestas genuinas que indiquen que va por buen camino.
-
Tranquilízalo a menudo: Sus antecedentes podrían volverlo demasiado autocrítico, así que recuérdale con frecuencia que la intimidad se trata de aprender juntos, no de acertar siempre. Prioriza la diversión y la conexión por encima de la perfección técnica.
-
Sé paciente con el proceso: Superar décadas de vergüenza sexual lleva tiempo, y puede haber avances y retrocesos. Celebra los pequeños logros y sigue concentrándote en lo que les hace sentir bien a ambos.
Recuerda, el objetivo no es la perfección, sino la conexión. Al considerar este viaje como una emocionante exploración mutua, le das espacio para crecer sin vergüenza. Y al hacerlo, construyen una intimidad más profunda y auténtica.